“Fascinados por los milésimos con varios ceros, los futurólogos se entregaron en cuerpo y alma a elucubraciones sobre nuestro fin de siglo, que es tambien el fin del milenio. Algunos han imaginado una humanidad sometida a las obseciones de ciertos sabios locos que utilizan su sbaer para imponer un orden absoluto; otros han escrito sobre naciones perpetuamente en guerra unas con otras bajo la conducción de un Big Brother implacable e inaccesible; algunos, más optimistas, predicen una edad de oro por fin recuperada gracias a la victoria de una ideología salvadora, capitalismo o dictadura del proletariado.
Todos se equivocan.
Cinco años antes de la fecha fatídica, pasamos, es cierto, por una etapa de revolución, pero una revolución subterránea, socarrona, que se manifiesta sólo por sus consecuencias, sin haber jamás explicitado sus objetivos. La humanidad cambia de era sin saberlo siquiera. De paso, se somete implícitamente a los nuevos gurúes que le aportan la Verdad: los economistas que enarbolan una Tabla que sólo contiene una ley, la Ley de Mercado.
La Historia nos demuestra que los integrismos están plagados de catástrofes; el integrismo económico – el economismo-, ¿no es acaso el peor de todos”
Albert Jacquard, biólogo eminente, especialista de fama mundial en genética, utiliza su disciplina científica para encarar lo que estima una evolución peligrosisíma.
